2 jun. 2010

Nuestro Rincón Literario

NUESTRO RINCÓN LITERARIO

En esta oportunidad, les proponemos disfrutar de otro cuento escrito por una alumna del C.E.P.T., titulado …
El boliche de Primo

Me suele contar mi padre que el boliche de Primo era uno de esos tradicionales almacenes de campo donde podías encontrar, desde azúcar en terrones o yerba, hasta un triciclo, una máquina de moler maíz, una palangana, el farol a kerosene, la lámpara, el calentador, alcohol de quemar, una alcuza o cualquier otra cosa que en ese momento se usara.
Tenía despacho de bebidas y también el correo; en esa época la estafeta postal, donde llegaba la correspondencia. Las cartas para todos los habitantes de ese lugar y todos los campos vecinos.
Por aquel entonces vivía mucha gente y las cartas era el único medio para estar comunicados. ¡Cuantos matrimonios se habrán llevado a cabo tras largos noviazgos gracias a la correspondencia de don Primo!.
Me cuenta mi papá, que era un hombre alto, flaco, siempre con el cigarrillo en la mano ya que fumaba muchísimo; el lápiz atrás de la ojera era su costumbre.
En esa época no había calculadora, las cuentas se sacaban en el papel. Era la época de la libreta del fiado, a veces, de cosecha a cosecha.
No existía la garantía, valía la palabra todo se basaba en la confianza. Cuando ibas a comprar y todavía no habías cobrado le decías:–“ no cobré don Primo, ¿me espera hasta la semana que viene? ”
-“No hay problema, llevá lo que te haga falta”.
Hoy cuando vamos al supermercado y vemos a la cajera pasar el código de la mercadería por la caja registradora, y ya sale el ticket con el precio y la suma que debemos pagar, lo miro a mi padre y pienso cómo ha cambiado todo, cómo avanzó la tecnología, desde aquella libreta hasta esta registradora.
Yo no sentí el cambio porque nací en esta época, pero mi padre que nació con la libreta y tuvo que adaptarse a la registradora, sí; es más … todavía los recuerdos le siguen vigentes.
¿Cómo haría Primo para acordarse de todos los precios si no existía el código de barras? … ¿Tanta memoria tendría?.
Con mi generación, ¿pasará lo mismo?... ¿Podrá cambiar tanto?.
La Chacarera, seudónimo

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